Sábado, 7 de Noviembre de 2009, 6:33hs
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Fuente: Reuters
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ECONOMÍA - Indicadores
Sueño de Helmut Kohl sobre Europa unida sigue incompleto
Por Paul Taylor
PARIS, nov 7 . - Veinte años después de la caída
del Muro de Berlín, el sueño de Helmut Kohl de que una Alemania
unificada llevaría a una Europa integrada a nivel político
sigue siendo un proyecto incompleto.
La situación se apresta a quedar igual pese a que se espera
la entrada en vigencia del Tratado de Lisboa de la Unión
Europea en un futuro cercano.
La Reunificación Alemana posiblemente provocó el último
gran paso hacia una integración europea, con el acuerdo clave
de Maastricht en 1991 para establecer la unión monetaria y
económica con una sola divisa y una política exterior y de
seguridad comunes.
La resistencia de la escéptica Gran Bretaña y la renuencia
de Francia a compartir más soberanía evitó que la UE avanzara
en el sueño de Kohl de una unión política completa, similar al
sistema federal de Gobierno en Alemania.
Luego de Maastricht, la ampliación de la UE para recibir a
miembros del ex bloque soviético fue un precedente para una
integración más profunda. El bloque ha crecido de 12 a 27
naciones, abarcando casi todo el continente.
Mientras los gobiernos comunistas tambaleaban en el este de
Europa en 1989, Kohl, canciller de Alemania Occidental, buscó
aliviar las ansiedades de sus vecinos por la escalada de la
reunificación al incluir en el proceso un sueño más amplio de
unidad europea.
Durante un discurso clave al Parlamento en Bonn el 28 de
noviembre de 1989, estableciendo un plan de 10 años para la
unidad de Alemania, Kohl declaró: "Se están abriendo
oportunidades para superar la división de Europa y por lo tanto
también la de nuestra Madre Patria".
Kohl quería vincular la nueva Alemania a una Europa unida
junto a la OTAN para evitar cualquier resurgimiento del
nacionalismo. Argumentó que una unión monetaria y económica
sería poco equilibrada a menos que Europa alcanzara la
integración política al mismo nivel.
Kohl fue el último líder alemán en proclamar el idea de los
estados unidos de Europa, una visión ahora confinada a un
puñado de federalistas como el ex primer ministro belga Guy
Verhofstadt. Su sucesores, Gerhard Schroeder y Angela Merkel
han sido menos entusiastas sobre la UE, y más dispuestos que
Kohl a defender los intereses nacionales alemanes.
Archivos recientemente desclasificados muestran que la
entonces primera ministra británica Margaret Thatcher y el ex
presidente francés Francois Mitterrand estaban más preocupados
por el lento ritmo de la Unificación Alemana que por la
propuesta para una Europa integrada.
Los ex líderes se irritaron cuando el presidente de la
Unión Europea, Jacques Delors, apoyó la idea de permitir a la
democrática Alemania Oriental unirse a la Comunidad Europea.
Thatcher, quien temía el regreso de una Alemania más
agresiva, estaba inmersa en una disputa doméstica por su
hostilidad a la integración europea, que culminó con su
renuncia forzada en diciembre de 1990.
RECEPCION CON INTERESES
Luego de los desencuentros diplomáticos iniciales,
Mitterrand concluyó que su mejor curso era acoger la Alemania
unificada y usar la oportunidad histórica para escapar del
dominio del marco alemán avanzando en los planes para adoptar
una divisa común.
Pero el líder francés nunca apoyó seriamente las ideas de
Kohl de tomar las decisiones sobre política exterior con un
voto por mayoría, ni de otorgar al Parlamento Europeo autoridad
legislativa y de regulación.
Su ministro de Relaciones Exteriores, Roland Dumas, dijo
que las instrucciones de Mitterrand indicaban que las
negociaciones para el tratado de Maastricht debían conceder el
mínimo poder posible para la formación de una asamblea de la
UE.
El tratado de Maastricht inició una ola de rechazo a los
"gobernantes de Bruselas", causando derrotas en referendos en
varios países que han impedido hasta ahora los esfuerzos por
reformar las instituciones de la UE.
El Tratado de Lisboa incluye pasos para una unión política
más cercana, como la creación de un jefe de Política Exterior
con mayor autoridad dentro del servicio diplomático de la UE y
un presupuesto para el bloque de varios miles de millones de
euros.
Pero los Estados miembro mantendrán su poder de veto sobre
las decisiones en defensa y política exterior, así como en
asuntos de impuestos y presupuestos.
El tratado también establece un presidente a largo plazo
para el Consejo Europeo de Líderes de la UE y un sistema de
toma de decisiones que da mayor peso al tamaño de la población,
una concesión a Alemania que Francia buscó evitar por última
vez en el 2000.
El Parlamento Europeo tendrá autoridad para tomar
decisiones sobre un amplio rango de la legislación europea.
Pero la UE sigue estando a largo camino del sueño de
integración federal de Kohl.
De hecho la propia corte constitucional de Alemania pareció
poner límites sobre cualquier integración sustancial europea en
un fallo sobre el Tratado de Lisboa este año.
REUTERS MG JL/